El último comedor construido, de ahí su nombre.

Parte de él ocupa el espacio donde se ubicaba el pajar, justo encima de la cuadra. Sus techos son bajos por razones legales para no superar la altura original del caserío, pero este hecho permite calentarlo fácilmente en invierno con la chimenea de abajo.

Muy luminoso, admite grandes grupos y desde sus ventanas se puede observar la zona de columpios para los niños, ideal para tenerlos a la vista.