Poza (Pose)

     Tal vez sea este molino berangués el más antiguo de todos los que existieron en el valle del Gobela, porque desde las primeras noticias que se tienen de él y hasta nuestros días lo vemos vinculado a la casa-torre de los Ochandategui, linaje que muy bien podría haberse creado en torno al año 1200.

     Fijémonos si no en lo que nos dicen Ybarra y Garmendia:

‘Suponemos fuera el primer Señor de Ochandategui el mismo que lo era de Ibargüen, don Iñigo Ortiz, padre de otro Iñigo Ortiz, segundo Señor de Ibargüen y segundo de Ochandategui, que murió luchando juntamente con el primer Señor de Susunaga, contra los Butrón, en la batalla de Altamira y que fue padre de la tercera Señora de Ochandategui…” 23

 

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Tratando de dar con el nacimiento del linaje de los Ochandategui, bueno será señalar que la mencionada batalla de Altamira, en la que muere el supuesto segundo Señor de Ochandategui, tuvo lugar en el año 1275, no siendo muy aventurado, por lo tanto, el suponer una fecha en torno a 1225 se construiría la casa-torre de esta familia.

     Y como es sabido que el fundador de un nuevo linaje, al erigir su casa-torre, junto a ella solía construir su propio molino, pensamos que nuestro molino de Poza tendrá una ntigüedad pareja a la de la casa-torre a la que ha venido perteneciendo. Pero al margen de suposiciones sí que contamos con una clara alusión al molino Poza y
prueba de su existencia en torno al año 1275, en que muere el segundo Señor de Ibargüen y segundo de Ochandategui, cuya hija heredará las casas de Ibargüen y Ochandategui y el molino de Poza, que transmitirá a su hija doña Mencía, mujer de Ordoño de Zamudio.

     Nos lo dice Lope García de Salazar:

“…e Ordoño su hijo, alcanzó por doña Mencía a las Ribas e alcanzó Ibargoen, e a Chondotegui, e las aseñas de Poza de Merana, por Sancho Fernández de las Ribas, su padre que lo hubo heredado por casamiento con la fija de Iñigo Ortiz de Ibargoen, que morió en Altamira..”24

(23) Javier de Ybarra y Pedro Garmendia: “Torres de Vizcaya”; Madrid, 1946; tomo II; pág. 189.
(24) Lope García de Salazar: op. cit.; libro XXI; pág. 97